¿Soy una #happymum?

Cuando hace unos días recibí un correo de Showroomprive.es en el que me invitaban a colaborar en su campaña #HAPPYMUM me di cuenta de que tenía tres opciones:

La primera era decir que no pues últimamente no me siento una madre excesivamente feliz.

La segunda era decir que sí, contaros una milonga diciendo lo maravillosos que son mis hijos, lo maravillosa que es mi vida y lo estupenda que es la maternidad para concluir asegurándoos que soy una madre muy feliz.

La tercera, que es por la que finalmente opté, era aceptar la invitación y redactar este post que, por otro lado, tenía muchas ganas de escribir aunque no me atrevía pues no me parecía muy oportuno para un blog de moda.

Veréis, Compritas sigue siendo un blog de moda infantil y no un espacio en el que volcar mis pensamientos, mis preocupaciones o mis inquietudes que, en principio, a nadie le interesan salvo a mí y, eso espero, a mi familia. Sin embargo, también me parece una buena plataforma en la que expresarme y compartir algunas ideas con las que algunas, eso creo, os podéis sentir identificadas. Y eso, os identifiquéis o no, es lo que voy a hacer ahora.

Desde hace mucho tiempo vengo dándole vueltas a los perjudiciales que, en mi caso, llegan a resultar las redes sociales de las que soy una gran seguidora. Aunque publico en ellas con bastante frecuencia, hay días en los que mi presencia es más “voyeurista” que otra cosa quedándome extasiada viendo la “vida en rosa” de muchas a las personas a las que sigo, la mayoría de ellas blogueras como yo. Me paso horas viendo fotos de madres felices, niños ideales siempre con la sonrisa en la boca, casas preciosas y tan ordenadas que parecen el plató de cualquier revista de decoración, reuniones de trabajo que serían perfectas para ilustrar un anuncio de Coca-Cola -light, por supuesto, porque todos los reunidos son guapísimos y tienen tipazos-, mesas de despacho con ordenadores estupendos, lápices divinos y cuadernos, que a mí me daría pena utilizar, en los que se escriben mensajes preciosos con una caligrafía impecable, viajes constantes a lugares de ensueño… En fin, unas vidas que se presentan -y no digo yo que no lo sean- como normales pero que a mí no me hubiera sorprendido ver en cualquier revista del corazón de tan idílicas que parecen.

Y, claro, luego miro mi vida y pienso: mi casa es bastante normalita y, para colmo, casi nunca está ordenada; como no hago más que ponerme kilos encima, mis reuniones de trabajo no son aptas para un anuncio de Coca-Light y, mucho menos, de una crema reductora; en mi mesa de trabajo hay un ordenador normalito y mis bolis son todos de merchandising; mi último viaje fue a casa de mis suegros y no lo describiría yo como idílico precisamente…

Pero, y si os soy sincera, la casa, el ordenador, los kilos y los viajes me importan un pimiento. Lo que verdaderamente me da envidia son las fotos que reflejan las “felicidades familiares”. A mí me resulta dificilísimo  hacerme fotos en plan “happy mum” con mis tres “happy children” sonriendo a mandíbula batiente.

Mis niños -esos a los que algunas conocisteis con 3, 5 y 7 años- ya no son tan niños. Han ido creciendo y con ellos sus “problemillas”: la adolescencia es una etapa difícil, los cambios de colegio no siempre resultan positivos, las peleas con los amigos ya nos las podemos resolver las madres, sacar buenas notas no es tan fácil como lo era hace unos años… y suma y sigue.

Como madre me duele verlos sufrir pero también me duele la falta de obediencia; los cuartos desordenados; las peleas entre ellos; sus exigencias… Odio las expresiones “ya voy” y “espera un segundo” porque nunca vienen y nunca espero un segundo sino una eternidad…

Sin embargo, y a pesar de todo, soy una madre feliz. No era consciente de ello hasta que me lo dijo el Mindu, el más pequeño de los tres.

En una de nuestras conversaciones le conté el correo que había recibido de Showroomprive.es y le pregunté que si él creía que yo tenía razones para ser una madre feliz. Su respuesta fue inmediata: “sí mamá, porque tus hijos te queremos mucho”.

¡Qué cosas! Te pasas la vida viendo la botella medio vacía hasta que viene un “mico” de nueve años a poner las cosas en su sitio y a decirte que no es que la botella esté vacía sino que está llena hasta rebosar.

Así que no solo comparto con vosotros esta campaña del Día de la Madre, es que no me queda más remedio que dar las gracias a Showroomprive.es por haber pensado en mí para esta campaña: si no fuera por su invitación probablemente nunca hubiera escrito este post y, seguramente, nunca le hubiera preguntado a Gonzalo si su madre tiene razones para ser feliz. Y mirad, ¡sí las tengo!

HAPPYMUM SHOWROOMPRIVE

Sobre Showroomprive.es os puedo contar que es uno de esos clubes privados de compras a los que soy tan adicta desde hace algunos años. Soy socia y cliente desde hace mucho tiempo, demasiado, y en más de una ocasión os he hablado de algunas de sus ventas pues tienen muchas campañas de lo más diverso entre las que hay muchas de moda infantil. Yo creo, además, que, Showroomprive.es es el club de ventas con más campañas abiertas a la vez. Por lo menos de los que yo conozco.

Y con la campaña #HAPPYMUM, que es la que me han pedido que comparta con vosotras, Showroomrpvie.es nos regala, por el Día de la Madre, el código HAPPYMUM1 por el que obtendremos 10€ de regalo por cada 50€ de compra (válido para una sola compra, superior a 50€, gastos de envío no incluidos). Se puede utilizar entre hoy y mañana, día 3, que es cuando está activa la campaña. Además, estad atentas, porque también van a organizar un concurso cuyo premio será un año de compras gratis más diez sudaderas #HAPPYMUM.

Yo, como veis, ya tengo la mía y se ha convertido, desde ya, en mi sudadera preferida y la voy a llevar con mucho orgullo y mucha felicidad porque, como dice el enano, tengo una razón más que importante para ser una #HAPPYMUM.

 

 

 

 

 

 

2 Comentarios

  • Nuria Flores dice:

    Razón más importante del mundo para ser una “Happy mum”. Enhorabuena.

  • Belén dice:

    !!!!!!Me ha encantado!!!!!!
    Cuando te hartes de las ropitas, te puedes dedicar a escribir, porque lo haces de maravilla. Un beso a Gonzalo (y a Íñigo y María). Por cierto, tenemos pendiente una comida de chicas con tu hija, como me propuso ella un día.

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