El showroom de Zippy

 

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¿Sabéis esos días en los que si saliera todo como lo habéis planificado serían días perfectos? Pues eso es justo lo que no me pasó ayer y ¡mira que lo tenía todo organizado!

A primera hora jugué un matutino partido de pádel pues mi compañera “la empanada” y yo hemos decidido empezar a entrenar en serio para que, en el próximo torneo que juguemos, seamos capaces de ganar por lo menos un juego. La idea es ir progresando poco a poco y, cuando a Madrid le den las Olimpiadas allá por el 2052 y el pádel sea un deporte olímpico (que no sé si lo es), podamos solicitar una beca ADO e irnos una temporadita a vivir a un Centro de Alto Rendimiento en el que nuestros hijos tengan vetada la entrada.

Después del partido mi horario marcaba ducha rápida -que no es que me tenga que apuntar lo de la ducha en la agenda para  acordarme de que tengo que ducharme, es que estoy intentando reconducir mi vida y empezar a organizarla- para, después, salir pitando hacia Madrid a la presentación de la nueva colección de Zippy.

Y yo me pregunto, teniendo las amigas que tengo ¿para qué quiero agenda? Pues para nada.

El partido, que debería haber terminado a las diez y media, se pospuso hasta las once porque lo que tienen mis amigas no es afición, es adicción o enfermedad o como lo queráis llamar. No voy a incidir en el tema por ser delicado pero yo me pregunto ¿qué comerán sus hijos?

La ducha, quedaros tranquilas, no me la salté pero fue más rápida y menos relajante de lo que me hubiera gustado. El acortamiento era necesario si quería llegar a tiempo a mi cita.

Llegué a Madrid en el horario previsto pero, una vez allí, comenzaron mis verdaderos problemas. La calle a la que debía llegar no estaba donde se suponía que debía estar. O alguien la había cambiado de sitio o mi instinto -lease Google Maps- estaba equivocado.

Después de dar varias vueltas -emulando a la cabeza de mi compañera que gira y gira en la atmósfera- decidí preguntar a un amable ciudadano quien, con gran asombro por la gran distancia que me separaba de mi destino, recondujo certeramente el rumbo de mis pasos.

Cuando por fin llegué al lugar de la celebración del encuentro las anfitrionas me propusieron ver la colección de ropa y complementos pero yo lo único que podía ver era la mesa llena de comida y bebida. Tras dos coca-colas light, dos sandwiches de queso y nuez, un bocatín de jamón y tomate, otro de anchoas y unas cuantas chuches pude dejar de pensar en mi estomago y concentrarme en la ropa.

Os lo he dicho mil veces, me encanta Zippy porque es ideal para los básicos y porque, aún teniendo ropa para todos los gustos, siempre encuentro alguna prenda que me gusta especialmente. Además, los precios son muy asequibles.

Os dejo unas imágenes de algunas cosas que vi y me gustaron pero, como la colección es tan extensa, he creado dos álbumes en Facebook con todo aquello que no me importaría tener. Si pincháis AQUÍ accedéis al de bebé y si lo hacéis AQUÍ veréis prendas para niño y para niña.

niñoa niño

Para todo lo demás:

ZIPPY 

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