EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO y yo también.

Este fin de semana ha tocado viaje expres a Burgos, ciudad de mis amores de la nunca debí partir y a la que un día volveré. Aunque el objetivo principal y único del viaje era celebrar el cumpleaños de mis amigas -¡chicas, estáis estupendas!-, una buena gestión del tiempo hizo que fuera posible dar rienda suelta a dos de mis vicios: ir al Mesón Burgos a comer unas bravas -dato que ocultaré a mi gordóloga- y visitar -con la mera intención de informar- tiendas de ropa infantil.

Dicen que no es bueno tener vicios y es verdad. Lo de las bravas no ha estado bien, lo reconozco, pero lo peor ha sido lo de las tiendas pues se me ha creado una desazón que me está quitando el sueño.

Aparte de visitar a mis amigas de Spantajáparos-Burgos que ya están empezando a recibir las cosas de verano, fui a echar un vistazo a El Lagarto Está Llorando que es una de mis marcas favoritas y, aunque en Madrid hay varias tiendas, a mí me “pilla” mejor la de Burgos.

El caso es que al llegar vi en el escaparate una chaqueta que, cual neceser londinense, gritaba mi nombre. Bonita no, lo siguiente. Y de precio sensacional, 32 euros. Ahí es cuando recuerdo un detalle que, por un momento había olvidado, tengo tres hijos: 32×3=96.

La cosa se está poniendo fea. Cuando empiezo a descartar la idea y a autoconvencerme de que no necesito para nada las chaquetas me ocurre algo que me sucede con cierta frecuencia: me imagino a mis niños con ellas puestas. Es más, visualizo una imagen global del posible “outfit”. En este caso vaquero, camisa Oxford rosa y la chaqueta en cuestión. Arreglado pero informal, ideal para la primavera que se aproxima.

Entro en la tienda con la intención de “palpar” las chaquetas para darme cuenta de que son una birria y, de esta forma, desechar la idea de comprarlas. Nada que hacer, no son una birria. Son incluso más monas que vistas en el escaparate. La tela tiene una caida estupenda y el forro es una monada.

Vale, decisión tomada. A por ellas y que sea lo que Dios quiera. Dan bastante talla pero la 8 se queda pequeña sobre todo porque quiero que me duren, por lo menos, esta temporada y la siguiente. Necesito dos de la talla 10 y una de la 6 para el Mindu. ¡Horror! Solo hay una de la diez. Miro y remiro el colgador. Nada, solo hay una.

Supongo que se me debió quedar cara de tonta pues aunque diez minutos antes no sabía ni que esas chaquetas existían en ese momento eran mi única razón de ser.

Hay que pensar con rapidez, tomar decisiones, elaborar un plan de acción. Es sábado tarde por lo que es muy difícil que las chaquetas se vendan antes del lunes. Lo primero que tengo que hacer el lunes, en cuanto tenga un rato, es empezar a llamar a las tiendas de la marca y preguntar si tienen la talla que busco y, si lo consigo, llamar corriendo a Burgos para que me guarden las que necesito.

Visto bueno al plan de acción y a otra cosa mariposa. ¡Por Dios que blusa tan mona! Y al 50%. Ésta no se me escapa. Efectivamente, no se me escapa porque no se me pone a tiro: la talla más grande la 5 y yo quiero la 10.

En fin, yo lo he intentado. Bien sabe Dios que lo he intentado. No ha podido ser.

Os pongo estas “cutre-fotos” que hice yo porque en la web de la firma no he encontrado ni la chaqueta ni la blusa.

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